El viaje de autodescubrimiento en la trilogía de Shyamalan

 

Generalmente los filmes de Shyamalan tratan sobre la duda y el autodescubrimiento. No olvidemos a Mel Gibson en su papel del Reverendo Graham Hess, en la cinta Señales, en en donde duda de la existencia de Dios. O de los habitantes de la cinta La aldea, donde sus creencias se pondrán a prueba con los eventos que ocurren en el pequeño pueblo aislado en el que viven. En la trilogía de Shyamalan, que comprende El protegido, Fragmentado Glass, es el turno de los súper héroes y de los villanos de dudar de sí mismos –razón por la que la recomiendo la trilogía a los amantes, y no tan amantes, de los súper héroes.

Las películas tienen una belleza que radica en su naturaleza filosófica. A través de las tres entregas los súper héroes y los villanos son vistos a través de un cristal con el que rara vez se les ve: el de la realidad. Lo cual plantea varios supuestos: si en verdad existieran los súper héroes, ¿cómo serían? ¿cuáles serían sus motivaciones y sus debilidades? Para abordar estas interrogantes, Shyamalan utiliza personajes que tienen súper poderes un tanto extraños, pues son limitados y un tanto de bajo perfil. Además, las personalidades de los villanos y de los súper héroes están compuestas por un amalgamado muy peculiar de defectos, muy similar a los de cualquier persona. Es decir, Shyamalan nos presenta personajes que parecen de carne y hueso.

Otros aspectos muy interesantes son las motivaciones de los personajes, fundadas en sus dudas existenciales. Por ejemplo, en la primera entrega, el villano, Elijah Price, busca desesperadamente a un súper héroe para poder validar su existencia propia. Por otro lado, existe un súper héroe llamado David Dunn, que a pesar de que ser el único sobreviviente de un choque de tren, de que nunca enferma y de que tiene una fuerza que raya en lo sobrenatural, él no cree poseer ningún súper poder, pues está acostumbrado a ser como es.  Por otro lado, Elijah ha estado siguiendo muy de cerca a Dunn desde que sobrevivió al accidente de tren, e intentará, a como dé lugar, comprobar que David tiene súper poderes para saberse como súper villano y así reafirmar su razón de ser: si existe un súper héroe, existe Elijah, el súper villano. Si existe la oscuridad, existe la luz. Con la ausencia del uno, no es posible la existencia del otro. Por ende, sin la existencia de alguien a quién combatir, no tendría sentido la vida de Elijah y desaparecería. En lo que se parece la búsqueda de Dunn a la de Elijah, es en que él también está buscando su identidad y su razón de ser. Su búsqueda radica en darle importancia a sus habilidades y en descubrir que es un súper héroe, no sólo un vigilante de un estadio de beisbol.

En Fragmentado, la segunda entrega, se presenta a un nuevo personaje, interpretado por James McAvoy. Se trata de un villano que secuestra a tres jóvenes “pecadoras” para purificarles el alma. A parte de que este villano tiene 23 personalidades –razón por la que acude con una psiquiatra–, no parece ser más que un simple mortal. De manera similar a los personajes de El protegido, este personaje parece no ser más que un demente, que tiene poca confianza en sí mismo. Sin embargo, sus distintas personalidades sospechan tener una personalidad extra, que cuenta con poderes sobre naturales, llamada la Bestia. Nuevamente, ninguno de los personajes de la película, ni la psiquiatra ni las chicas, sabe de la existencia de los súper poderes. Así que la película, a parte del tema superficial de la lucha de sobrevivencia de las chicas, en una capa más profunda nos lleva al viaje de auto descubrimiento del personaje interpretado por McAvoy. Un personaje que, debido a la complejidad de sus personalidades, buenas y malas, pone sobre la mesa el debate sobre si puede enmarcársele completamente como un villano o si sería más preciso decir que sólo lo son unas cuantas de sus personalidades. Finalmente, su lado más oscuro, La Bestia será quien le dará la confianza que necesita para encontrar un significado a su existencia.

En la última entrega, Glass, Shyamalan junta a los tres personajes que conocimos en las cintas anteriores: David, Elijah y el villano interpretado por James McAvoy. Junto con ellos, regresa el cuestionamiento sobre los súper poderes, los súper héroes y los súper villanos. La película, de manera similar a las dos anteriores, pone a los personajes en duda sobre los poderes que ostentan y sobre su salud mental. En esta ocasión, la doctora Sarah Paulson, encierra a los dos villanos y al súper héroe en una institución mental para intentar convencerlos de la inexistencia de los poderes que ellos aseguran poseer. De esta manera, Shyamalan intenta también convencer a la audiencia de que realmente no estamos viendo una película de súper héroes, sino de que simplemente los súper poderes son fruto de la imaginación de los personajes.

Pero de la duda y de lo indeterminado nace la fe, y de la fe surge el milagro. Quizá no sea coincidencia que Shyamalan haya nombrado a Elijah haciendo referencia al personaje bíblico del mismo nombre. En la biblia Elijah –o Elias– es un profeta de fe inquebrantable en Dios. De manera similar, el Elijah de Shyamalan tiene fe inquebrantable en la existencia de los súper héroes y espera el milagro de poder mostrarlos al mundo. Y nunca descansa hasta ver su sueño hecho realidad. Tarea que no le resulta fácil, pues, como he dicho anteriormente, los súper héroes y villanos no se saben como tales, sino como personas comunes y corrientes. Así que Elijah tiene que echar mano de toda su astucia para mostrarles de lo que son capaces. Paradójicamente, a pesar de ser un villano, Elijah termina creando súper héroes para poder existir él mismo.

En definitiva, si te gustan las películas de súper héroes, pero estás cansado de las mismas películas a las que nos tienen acostumbrados Marvel y DC, no dudes en ver la trilogía de Shyamalan. Disfrutarás de unas finas caracterizaciones y de buen suspenso. Al mismo tiempo, disfrutaras de un viaje de autodescubrimiento un tanto esperanzador. Quizá te des cuenta de que en realidad eres más de lo que crees ser.

 

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La materialización de los sueños: “El nombre del mundo es bosque”.

 

El nombre del mundo es bosque es una novela de ciencia ficción de Ursula K Le Guin. Escrita durante la guerra de Vietnam critica, de manera visceral, como la misma autora admite, las barbaries de la guerra y de la naturaleza humana –el racismo, los prejuicios y la sed de poder–.

La novela se desarrolla en un planeta ficticio llamado Athshe, donde viven los Athsheanos, unos pacíficos, pequeños y peludos seres verdes que viven en el bosque. Desafortunadamente, unas colonias terrestres desforestan el lugar para llevar madera a la tierra y, en el proceso, esclavizan a los habitantes del lugar.

Sería muy reduccionista decir que Le Guin relata un simple reflejo de la realidad que se vivía a finales de los años 60s y principios de los 70s. La novela va más allá de la critica al racismo y la guerra –tema que se aborda desde los conflictos entre los colonizadores y los colonizados en Athshe–, pues  cuestiona la naturaleza de los sueños a través de las athsheanos. Estos seres  pueden iniciar y controlar sus sueños a voluntad, incluso, los usan para sanar. Más aún, para ellos no existe diferencia entre estar despierto y estar dormido.

El hilo conductor de la historia es el protagonista athsheano, Selver, que ha sufrido la muerte de su esposa en manos del capitán Davidson, y que planea liberar a su gente y salvar su mundo de manos de los terrestres: él tiene un sueño y planea hacerlo realidad. Después de haberse revelado contra los humanos, revela su plan independista a Coro Mena y a la líder del pueblo de Cadast, Ebor Dendep. En ese momento su gente comienza a llamarlo dios, que para ellos significa traductor, es decir, una conexión entre dos mundos. Y eso es precisamente en lo que se convierte Selver: en un dios que conecta el mundo de los sueños y de la realidad. En esta unión de los mundos que logra, radica una de las advertencias más importantes de la novela –que si bien es un cliché, por su contexto se siente fresco y relevante–: la realidad se ve alterada permanentemente cuando los sueños se hacen realidad, así que hay que tener cuidado. El sueño de los athsheanos es liberarse del yugo de los humanos y para lograrlo necesitan echar mano de la violencia, que nunca antes han utilizado. Al hacerlo, los athsheanos no volverán a ser los mismos y no podrán sacar la violencia de sus vidas nunca más: a través de su dios materializan e incorporan algo negativo a su realidad.

Si hay algo de lo que peca la novela es de lo estereotípico que es el capitán Davidson: es un personaje completamente maniqueo, no tiene contrastes ni complejidad. Fuera de eso, El nombre del mundo es una buena reflexión sobre la maldad humana y el poder de los sueños.

Potsovele

La ayuda que no esperamos de los dioses: reseña de Una carta para Momo.

 

Llegó el momento de recomendar una carta para Momo. De buenas a primeras, la cinta no podrá parecer más que una lerda película infantil, pero no se dejen engañar por las apariencias. Si bien es infantil, es una cinta que disfrutarán más los adultos que los niños, pues es más probable que se identifiquen con el dolor que llevan en su corazón Momo y su madre. Y no sólo eso, sino que les resultará muy interesante aprender un poco sobre cultura japonesa.

Momo es una niña cuyo mayor deseo es saber qué quiso decirle su padre en una carta incompleta que le dejó antes de morir, poco después de que tuvieran una pelea. La carta sólo dice: Para Momo. Después del trágico acontecimiento, Ikuko, su madre, la obliga a mudarse con ella a la isla ficticia de Shiojima, para empezar una vida desde cero. Para complicar más las cosas, Momo es muy introvertida, por lo que le cuesta mucho trabajo adaptarse a su nuevo hogar, a pesar de que conoce nuevos amigos. Así que todo parece ir mal para Momo, que extraña a su padre y que la carcome el remordimiento. Después se le aparecen tres carismáticos y molestos “gnomos” –conocidos en japonés como Yokai–, llamados Iwa, Kawa y Mame. Estos seres son un dolor de cabeza porque les gusta robar cosas; sin embargo, se trata de guardianes que vienen del cielo para cuidar de Momo y su madre. Por asares del destino, Momo es la única persona que puede verlos, razón por la que se involucra con ellos y juntos comparten muchas entretenidas aventuras.

Aunque la cinta va acompañada de humor japonés y del carisma de los Yokai, nunca abandona el terreno filosófico y nos hace aprender sobre la cultura japonesa. Entre líneas nos hace preguntarnos sobre la naturaleza y eficacia de los Yokai, que son seres bastante peculiares, pues se trata de dioses que fueron castigados con la pérdida de sus poderes por haber sido malos, razón por la que no son libres de actuar libremente y por la que sus poderes son limitados. Así que, aunque están en el mundo para proteger, no pueden evitar muertes o accidentes naturales. Si extrapolamos las características de los Yokai a la creencia católica, no son muy diferentes a los santos –que no pueden obrar milagros por sí mismos, sino que sólo pueden interceder ante Dios–. En cualquier caso, la película nos muestra una visión japonesa de las divinidades: seres “imparciales” que ofrecen ayuda de maneras sutiles. Para ejemplificar esto, la ayuda que proporcionan es la de darle un empujón a Momo a un lago para que pierda el miedo a saltar y se supere a sí misma. O de hacer, de manera accidental, que Momo deje de obsesionarse con la carta en blanco quele dejó su padre y deje de sentir culpa. No obstante, esta visión quizá no sea del todo compatible con la manera de pensar en occidente porque las deidades no solucionan los problemas por nosotros –como nos gustaría–, sino que uno obtiene su bendición y luego tiene que trabajar por lo que quiere. En todo caso, estos tres seres mágicos podrían parecer más una personificación de la suerte, que es caprichosa, caótica y que actúa sin un patrón discernible.

Una carta para Momo no sólo va recomendada a quienes quieran aprender un poco sobre la cultura japonesa, va recomendada a los que gusten de historias entrañables que al final dejan con una sensación de que no importa qué tan mal vayan a las cosas, no estás solo y todo puede mejorar. Quizá el éxito de la película radica en que los Yokai vierten su magia en el espectador y, al igual que le sucede a Momo, lo harán olvidarse de sus problemas por un par de horas.

 

Los pequeños detalles del Matadero cinco.

Un día un amigo me recomendó con mucho entusiasmo leer El matadero cinco. Yo no sabía qué esperar de la novela. Mi único conocimiento de Vonnegut se limitaba a que era un escritor de ciencia ficción, del que sólo había visto un programa televisivo de los noventas llamado Monkey House –cuya crítica social era incisiva y contundente–.

Al leer la novela me di cuenta de que no entra en el cajón de la ciencia ficción en la que se teoriza sobre teorías del tiempo y el espacio –es decir, no hay ni verborrea científica–. Más bien hace uso del género para satirizar los horrores de la Segunda guerra mundial y, en general, la barbarie humana y la tragedia de la vida.

En su desarrollo la novela revela detalles sutiles, que critican o se mofan, de situaciones terribles a través del patético protagonista Billy Pilgrim, que participó en la guerra como sacristán –así es, ni si quiera como soldado–, y que fue secuestrado por tiernos extraterrestres del planeta Tralfamadore. Cabe destacar que los diferentes momentos de su vida son presentados de manera no lineal, echando mano del recurso del viaje en el tiempo.

La riqueza de los detalles de la novela también emana de otros personajes, como el escritor ficticio de ciencia ficción, Kilgore Trout y de la deliciosa metaficción de la descripción sus novelas –algunas de las cuales desearía que existieran de verdad. Una de ellas trata sobre un hombre que viaja con un estetoscopio a la crucifixión de Cristo para escucharle el corazón y verificar si había muerto–. En fin, cada descripción en la novela es bella y conmovedora. Cada párrafo tiene un propósito y va acompañado de humor negro, que en ocasiones saca una sonrisa una lágrima.

En el matadero cinco denuncia el absurdo de la guerra a través de los pequeños detalles en su narrativa. Al final da la impresión de dejar al descubierto una radiografía del cerebro de Pilgrim, en la que se ven a detalle los daños que ocasionó la guerra. Así que, ¿quieren saber cuándo es la única ocasión en la que Billy Pilgrim llora durante parte de la segunda guerra y el bombardeo de Dresde, y en qué momento en el tiempo termina Billy? Lean la novela, que tiene un final muy Tralfamagoriano. Ya verán.

Potsovele

 

 

Angustiosa distracción

Ser distraído no sólo es molesto sino que, además, sale caro.

Recientemente ocurrió que, al llegar a la universidad, después de cuarenta y cinco minutos de manejar, me percaté de que había olvidado unos documentos necesarios para el trámite de mi titulación; por lo que tuve que regresar a mi casa por ellos. Así que el olvido no sólo quedó en el coraje de tener que repetir la odisea del viaje redondo a la casa y después a la universidad: también mi bolsillo se vio afectado por el gasto de la, cada vez más cara, gasolina.

Sin embargo, es imposible comparar ese olvido con el angustioso dolor que me provoca haber perdido un par de hojas en las que había anotado, en un rato de inspiración en el que unos alumnos hacían un examen, un relato para adultos. Ese relato debería de estar en mi mochila, pero, aunque lo he buscado hasta el cansancio, no logro encontrarlo. Entonces, sólo me queda preguntarme: ¿Qué será de ese relato? ¿Quedará perdido para siempre en la basura? No es por ser ególatra, pero, ¿quizá un recolector de basura curioso, y con un reciente interés en la literatura, lo encuentre y lo mande a un concurso de relatos para niños de ocho años, gane el segundo lugar, y así empiece su oficio de escritor?

Quizá el cuento esté traspapelado y después de muchos años aparezca. Quizá no…

Por estar balbuceando esta entrada de blog me olvidé de salir a pagar las deudas al banco…

Potsovelle